Cada quén se juzga a si mismo, ante su propio templo. Y cada paso de su vida, está escrito en el propio peso de su consciencia o inconsciencia.
Quien juzgue a otro,es porque no ha medido su obra ante el templo de la verdad. Solo así nos quitamos las capuchas. Nos creemos santos, sin serlo y nuestro corazón dice otra cosa . No hay conexión entre el decir y el actuar.
